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LAS ILUSIONES
DEL DOCTOR FAUSTINO

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JUAN VALERA
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NOVELAS

Las Ilusiones
del Doctor Faustino

II

colofón

OBRAS COMPLETAS
TOMO VI

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Es propiedad.     
Derechos reservados.
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AL ÍNDICE

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XV.

LA TERTULIA DE LOS TRES DÚOS

Respetilla se apresuró á poner en conocimiento de Rosita que su amo iríaaquella misma noche de tertulia á su casa. No podía dar á Rosita másagradable nueva.

Rosita, soltera, con más de veintiocho años, sin haber hallado nunca enel lugar hombre á quien sujetar su albedrío, dominando despóticamente ensu casa, mil veces más libre y señora de su voluntad y de sus accionesque una reina no constitucional, no se aburría, porque su actividad y laenergía de su carácter no eran para que se aburriese, pero se divertíapoquísimo; asistía á la vida como quien asiste á la representación de undrama que le parece tonto y cuyos personajes no le interesan.

Era Rosita perfectamente proporcionada de cuerpo; ni alta ni baja, nidelgada ni gruesa. Su tez,{6} bastante morena, era suave y finísima, ymostraba en las tersas mejillas vivo color de carmín. Sus labios, unpoquito abultados, parecían hechos del más rojo coral; y cuando la risalos apartaba, lo cual ocurría á menudo, dejaban ver, en una boca algogrande, unas encías sanas y limpias y dos filas de dientes y muelasblancos, relucientes é iguales. Sombreaba un tanto el labio superior deRosita un bozo sutil, y, como su cabello, negrísimo. Dos obscuroslunares, uno en la mejilla izquierda y otro en la barba, hacían elefecto de dos hermosas matas de bambú en un prado de flores.

Tenía Rosita la frente pequeña y recta, como la de la Venus de Milo, yla nariz de gran belleza plástica, aunque más bien fuerte que afilada.Las cejas, dibujadas lindamente, no eran ni muy claras ni muy espesas, ylas pestañas, larguísimas, se doblaban hacia fuera, formando arcosgraciosos. El conjunto de todo expresaba una mezcla de malicia,soberbia, imperio, alegría, ternura y deseo de amor, imposible dedescribir. Ojos negros y ardientes, lánguidos á veces, á veces activos yfulmíneos como dos ametralladoras, iluminaban aquella movible fisonomía.

Ramoncita, la otra hija del Escribano, era blanca, no tenía lunares,tenía la boca pequeña, era más alta que Rosita, y pasaba también por másguapa; pero ni en media docena de años revelaba{7} Ramoncita, ni al almani á los sentidos, lo que Rosita en un momento. Rosita, sólo conmostrarse, daba idea de la gloria y del infierno; Ramoncita, del limbo.

Aunque Rosita tuvo tentación de adornarse un poco más que de

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